Los lamentos de la noche • Frida Alcántara Galán

Los lamentos de la noche • Frida Alcántara Galán
por: Frida Alcántara Galán

 

Pétalos y hojas

En el inmenso jardín resaltan los dulces aromas de tu nombre 

a diario el hombre procura los delicados pétalos de su delicada flor,

aquel hombre detallista rocía con recuerdos aquel efímero amor

cuidando las raíces de ese amor prometedor

le recita con delicadeza día y noche para que florezcan esos pétalos

usa la música, estímulo para cautivar aquel brote de sentimientos florecientes.

Aquel hombre, confundido en su jardín, deja caer a su flor

perdiéndola entre matorrales

pierde su cariño

pierde las raíces de los recuerdos

la flor solloza entre versos que no podrán más ser suyos

solloza no ser más amada.

El hombre de oídos sordos mete la mano entre el matorral

ciegamente

ciego como tu egoísmo

ciego como tu necesidad.

Mientras metía la mano lentamente entre las ramas, 

el hombre se espina, sangra; 

sin embargo, es tanto su deseo que saca 

ciegamente lo primero que se deja arrancar de aquel matorral,

su mano que con egoísmo arranca una de ellas, 

deja ver en su palma las hojas de aquella planta,

las hojas de aquella son simples

el hombre toma con firmeza las hojas de aquella y la levanta hacia su maceta,

cual viento cauteloso le proclama eterno amor. 

Entre ramas, tierra, espinas aquella flor ve el desdén de su dueño corazón, 

la flor a cada galanteo de su amo se retuerce entre lágrimas y pétalos,

cómo es posible que las hojas de aquella se le asimilaron,

cómo es posible que aquella ahora sea la razón de su amado,

lo único que tienen en común es que poseen la naturalidad.

 

El hombre riega todas las mañanas a aquella con frases de amor.

El hombre pone al sol todos aquellos destellos cálidos de amor.

El hombre confundido la deja caer en el inmenso jardín.

Entre pétalos, hojas y pastizales cae aquella,

marchitas las otras la ven,

marchitas las otras se acercan,

aquella entre hojas solloza.

Marchitas las otra le susurran

que ésa es la naturaleza del amor.

 

§

 

En la soledad del corazón

Me embriagaba en lágrimas,

me ahogaba lentamente en los problemas.

No entendía cómo la sociedad

egoísta y arrebatada me quitaba 

esos últimos gramos que me quedaban de felicidad,

las palabras egoístas de los alrededores

sonaban como ecos sonoros en mi nostalgia,

arrogantes hartos de la compañía.

Yo gritaba en quejidos silenciosos la ayuda, 

 que alguien me rescatara

cómo era posible que todos rompieran las reglas 

y yo solo me tuviera en el espejo acompañándome,

mostrándome una escapatoria de mi realidad.

La desesperación de su recuerdo me imploraba gritos exhaustos para salir,

pero la misericordia agotaba mi paciencia

mientras otros sólo proclamaban el materialismo

mi mente quería el amor de un cálido abrazo,

escuchar su voz una última vez antes del último respiro,

poder cumplir la promesa del te amo,

tener vivencias una vez más antes de su partida;

pero ahora sólo me tengo.

Sola guardo el dolor que no se irá,

que siempre me acompañará,

mientras lentamente otros caminan sus pasos olvidándome en el camino,

olvidan preguntarme si todo está bien.

Ahora estoy rota,

ahora pierdo ese mismo cariño por la vida.

La fe se derrumba lentamente,

tan frágil como un pétalo

marchitándose,

ahora las personas la pisan sin voltear atrás.

 

§

 

Lamentos en el guayacán

Las estaciones cambian lentamente como mis pensamientos.

Los frutos de este corazón comienzan a madurar,

comienzo a sentir que los cambios se aproximan.

En el viento vuelvo a recordar su esencia, 

cada hoja que cae me envuelve en un recuerdo suyo, 

en los atardeceres me reconforta su calidez, 

busco tierra cercana para crecer a tu lado, 

anhelo ser lluvia para hacer crecer tus sueños. 

Las noches me atormentan pensando en la distancia que nos separa,

pienso en las aguas con las que puede ahogarse, 

no se deja derrotar por mis alientos cálidos, 

ni por los vientos, suspiros que suelto.

Las últimas hojas de su marchito corazón y amor hacia mí caen, 

se despide dando raíces 

y yo quedo al fondo de la tierra buscando unirme a ella, 

sabiendo que su presencia es tan grande

que ya no hay espacio a su lado.

 

§

 

Amor de roble 

Qué sucede cuando el amor está en cenizas,

flamas bajas, mechas cortas 

mencionan el fin de lo que alguna vez fue llamado amor.

Las pausas del corazón se terminan con el estrepitoso dolor del olvido,

los lienzos del rostro se vuelven imperceptibles ante los sentimientos,

el recuerdo de su rechazo se vuelve anestesia ante lo que no se quiere recordar, 

las vueltas en la habitación son menos tristes mientras no esté su recuerdo.

Sin embargo, desgarradoramente vuelve 

el recuerdo de lo que alguna vez significó; 

estrepitosamente llega la melancolía, 

firme y estruendosa, como ella, 

se postra en mi mente,

roba ideas porque ya no queda nada más que eso.

 

Robó algo más que mi aliento, 

vivo sin latir,

existo sin desear,

poseo sin amar

porque ella sabe. 

Tiene mi corazón, 

caótica mujer con picardía, 

camina firme sabiendo que le pertenezco, 

corrompe mi ego, 

disfruta mi silencio, 

se regocija en mi dolor

que mis labios siguen libres para cada flor delicada que decida consumir.

Destruye mi ego sabiendo que no puedo tenerla,

consume mi narcisismo porque ella es un árbol,

no se deja derrotar por mi aliento cálido 

ni por el viento amoroso que soplo.

Las últimas hojas de su marchito corazón y amor hacia mí caen 

se despide echando raíces 

y yo quedo al fondo de la tierra buscando unirme a ella, 

sabiendo que su presencia es tan grande que ya no hay espacio a su lado.

 

§

 

Ahora 

La caminata era tranquila y solitaria,

los pasos eran suaves y la calma abundaba en mi ser,

como un espectro apareciste.

La calma se volvió adrenalina. 

Te encontrabas postrado con tus recuerdos detrás,

firme y serio me volteaste a ver 

con esa frialdad que me cautivaba.

No sonreíste, sólo me miraste

en tus ojos pude ver, 

pude ver la mañana en la que comenzó todo,

esa mañana que inició fue fría, pero cálida. 

 

La mañana era fresca, 

el sol tocaba los primeros pétalos en tu jardín, 

el rocío del mañana acariciaba las plantas como tú al piano,

las notas graves eran la representación perfecta de tus sentimientos, 

la melancolía se pausaba en cada estrofa y la soledad en cada silencio. 

Cualquier ser humano te tendría miedo, 

la gente murmuraba, 

la gente hablaba de ti y de tu piano.

 

Constantemente me preguntaba si la casa era la vacía 

o si sólo era el reflejo de tu interior.

Recuerdo que tu casa sólo contaba con un piano, una cama y tú. 

A tu corazón le hacían falta muebles y no importaba tener ni uno.

Las mañanas eran largas 

y yo me tendía en el piso helado con el gozo de escucharte, 

de entenderte, 

de interpretarte. 

Entre más escuchaba más quería besarte, 

más te amaba, 

más te comprendía. 

 

Recuerdo ese día, 

no pude más y bajé a tu casa 

Descalzo, toqué las hojas húmedas, toqué a tu puerta. 

La adrenalina aumentó en mi ser 

cuando detuviste el sonido de tus sentimientos 

ante aquel piano y abriste la puerta. 

 

La casa era fría como si no hubiese vida, 

necesitaba despertarte, mostrarte la vida que existía, 

me lancé a tus brazos, 

tomaste mi cintura firmemente, 

no había sentimientos, 

sólo fue un reflejo que cualquiera tendría. 

 

Ya entre tus manos solitarias, te observé. 

Me detuve a apreciarte como arte, 

observé cada parte de tu lienzo, 

las tonalidades de tu cabello oscuro, 

las proporciones de tu rostro. 

Acabé por proclamarte con mis labios, 

me volví egoísta y te tomé sin importar lo que pensaras. 

Te arranqué ese narcisismo, 

te arranqué esa carencia de sentimientos 

y me metí en tus sentimientos como una semilla floreciendo. 

Las raíces de mi amor se plantaron en tu corazón, 

tú no me soltabas, más que un deseo carnal, 

me volví tu renacimiento, 

dejaste todo lo que eras 

te convertiste en lo que necesitabas. 

Como un suspiro y con envidia me dijiste arrebatadamente:

Te odio. 

Te odio.

Te odio.

Ahora ya no podré estar solo, 

ahora tengo una razón para tocar, 

ahora hay un mueble de esos de los que no te quieres deshacer. 

Ahora tengo sentimientos, 

ahora comienzo a vivir… 

 

 

One comment on “Los lamentos de la noche • Frida Alcántara Galán”

  1. Muchas felicidades por su talento e inspiración. Por compartir su poesía y darnos un rato de alegría.
    Un Fuerte abrazo

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