Las formas del amor. Reseña de El amor en los tiempos del cólera

Las formas del amor. Reseña de El amor en los tiempos del cólera
Por: Paula Jiménez de la Cuesta y Luciana Olaiz Corominas

Autor de la novela: Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1982, dejó como legado palabras que salen de las páginas y cobran vida, personajes icónicos e historias inimaginables que te mantienen fascinado de principio a fin; logró plasmar una combinación de sentimientos, pensamientos, factores reales e imaginarios en relatos que te llevan a otros mundos; creó una manera única y astuta de escribir, jugando con la estructura temporal de la narración, lo que da un giro inesperado a sus novelas. El amor en los tiempos del cólera no es la excepción.

La historia se lleva a cabo en Colombia, a finales del siglo XIX y principios del XX. Tiene una trama de tipo social, psicológica y de costumbres, ya que muestra el desarrollo como individuos de los personajes principales, las diferencias de estilo de vida y el entorno social de aquella época.

En esta novela, García Márquez utiliza como eje el concepto de “amor” para hablar de muchas y muy distintas cosas, acciones, algunas incluso consideradas atroces, que no tendrían por qué verse relacionadas con el amor. Sin embargo, este escritor nos dejó más claro que nunca que el amor viene en diferentes formas y está idealizado de un sinfín de maneras, depende de quién lo piense y se arriesgue por él o de quién sólo se dedique a crear ilusiones.

El protagonista de esta historia, Florentino Ariza, es un hombre escuálido, abandonado, solitario, excluido y lúgubre, es un personaje que empezó marcado solamente por el hecho de ser hijo natural (nacido fuera del matrimonio), una vergüenza; llega un punto en la historia en el que sentimos lástima por este hombre a quien le ocurre desgracia tras desgracia.
Era tan sólo un individuo irrelevante, un don nadie hasta que conoció a Fermina Daza; la vio de lejos, en su casa, tras ir a entregarle un telegrama a su padre, la contempló ahí sentada tan hermosa como siempre se vería… y entonces lo supo, supo que la amaba y que debía estar con ella por el resto de su vida. Aquí es cuando nos damos cuenta del raro concepto del amor, Florentino no sabía siquiera el nombre de Fermina, jamás había hablado con ella, no sabía sus sueños, sus intereses, sus gustos y disgustos y, sin embargo, él podía jurar que estaba perdidamente enamorado de ella, con lo que idealiza un amor que sólo existía en su cabeza.

Fermina había sido educada, como cualquier mujer de la época, para ser servicial, para no tener ilusiones propias, para volverse una mujer “aceptada” y “respetada”, en un buen matrimonio.
Cuando Fermina vio por primera vez a Florentino en el parque de los Evangelios sintió ternura por aquel hombre delgado y de semblante triste, y decidió que podía ser amor. En la inocencia de su juventud, nunca había pensado en el amor hasta que lo conoció, fue entonces que decidió permitirse experimentar algo nuevo, algo prohibido.
Después de un tiempo de intercambiar cartas apasionadas e ilusas con ese completo extraño que padecía de un amor incontrolable por ella, decidió que también lo amaría, y ya que en realidad no sabía cómo se sentía el amor, pensó que aquella ternura y compasión le bastaban para querer pasar el resto de su vida con él.
Pero como era algo prohibido su padre decidió que lo olvidara porque no valía nada, se la llevó lejos. Esto sólo logró intensificar el deseo de amor entre ambos, fue entonces que mientras Fermina Daza crecía, maduraba y seguía viviendo, creó en su cabeza al perfecto Florentino Ariza; un hombre romántico y guapo, alguien que la comprendería en su nueva madurez, el marido perfecto que le enseñaron a tener.
En el preciso instante en que volvió de su viaje y lo miró a los ojos, después de pensar en tantas ideas e ilusiones para su futuro junto a un hombre que en realidad no existía, se dio cuenta de que eran sólo eso, ilusiones: pobres e irreales.
Ilusiones de las que hemos padecido todos, de ésas que sólo pueden acabar en decepciones. Ideas esperanzadoras en las que ahora pensamos y nos parecen tan ridículas… pero al contrario de Fermina Daza, a veces no encontramos el coraje para simplemente borrarlas de nuestras vidas, para siempre.

Florentino dedicó toda su vida al amor por Fermina Daza. Suena triste y muy tonto, sí, incluso patético, pero este propósito lo mantuvo vivo; lo sacó adelante frente a todo, lo convirtió en un hombre respetado y reconocido por la sociedad. Para conquistarla, consiguió después de harto trabajo, la dirección de la Compañía Fluvial del Caribe, consiguió fortuna y una reputación aceptable entre la población.

El amor es la única pasión que Florentino Ariza tiene, por lo que toda su vida se desenvuelve alrededor de ella. Sin embargo, su historia de amores no se parece en nada a otras que hemos conocido; ésta alcanza a verse como una obsesión, intensa, desesperada, incluso perturbadora. El amor en Florentino Ariza llega a ser bello y dulce, aunque en su nombre comete actos realmente inconcebibles y atroces que, a pesar de todo, están llenos de un amor auténtico. A lo largo de su vida, él siguió a Fermina sigilosamente por muchos lugares; donde ella estaba, Florentino estaba; a donde ella iba, Florentino la admiraba a la lejanía y nunca jamás dejó de “amarla”, aunque fuera a la distancia.
A lo largo de la narración, Florentino tiene amantes, noches fugaces con amigas y desconocidas, amantes viudas, jóvenes y adultas, pero siempre juró una lealtad eterna a Fermina Daza.
Supongo que Florentino Ariza no es una buena persona, pero tampoco mala, sino sólo una persona que anhela el amor en su vida tanto como cualquiera y está dispuesto a todo para conseguirlo.
Tanta fue su determinación hacia sus propios deseos que logró apaciguar esa obsesión, dolor y sed de amor por Fermina Daza que lo consumía, hasta convertirse en un hombre paciente, cuidadoso e ingenioso, completamente capaz de lograr lo que se propuso, y más aún, de soportar cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días sin lo más preciado y adorado que había tenido en la vida, ella.

Para el resto de los personajes lo más importante en la vida es encajar en sociedad, por lo que ponen este objetivo ante cualquier otro, incluso si eso implica perderse a sí mismos, su identidad.

Además del extravagante protagonista que tenemos y el objeto de su deseo absoluto, se encuentra otro personaje importante: Juvenal Urbino, el antagonista de esta historia, es un hombre de lo más común, de lo más correcto, el estereotipo viviente del hombre “perfecto” en aquella época. Era un marido de primera; nunca ayudaba con las tareas del hogar, no se molestaba en cerrar las puertas al salir de una habitación, ni siquiera sabía dónde se encontraban muchas cosas en su propia casa. Pero al contar con Fermina Daza, la esposa perfecta que se encargaba de todo con una gracia excepcional, no tenía que preocuparse por nada. Además contaba con la admirable y útil profesión de médico, lo que contribuyó a que fuera el hombre más codiciado, envidiado y reconocido por su sociedad.
A Juvenal Urbino le sobraba orgullo y carácter; compatible con Fermina Daza, fueron capaces de aguantar un matrimonio por conveniencia la mayor parte de su vida juntos, algunos podríamos incluso decir que empezaron a tenerse afecto. Pero mayormente se conformaron con la falta de amor, con la frialdad, con la falta de comunicación y con los prejuicios. Tal vez en eso se basa el matrimonio, en el miedo a estar solos, en conformarnos con la comodidad del silencio y en dejar el amor como aspecto secundario.

Fermina Daza tuvo todo lo que siempre quiso, pero nunca logró realizarse como persona, encontrarse a sí misma, su vida giraba alrededor de la de su esposo, creó una vida de la que nunca fue realmente dueña, y lo más triste es que no se dió cuenta hasta que no tuvo a quién servir: sus hijos ya eran adultos independientes, su padre había muerto ya hacía mucho, su esposo acababa de fallecer y nunca nadie le enseñó a servirse a sí misma.

Fermina, con miedo a sentirse sola y con remordimientos por todo lo que pudo ser pero no fue, quería que alguien más la amara, porque el amor propio nunca le fue suficiente y ¿quién mejor para cumplir esta tarea que su fiel enamorado de toda la vida? Después de tanto tiempo, aceptó a Florentino, que ya tenía un buen estatus social y dinero. Parece una comparación burda e incoherente, pero me es imposible saber la respuesta correcta: ¿Qué es peor? ¿El amor condicional y convenenciero de Fermina hacia Florentino? ¿O el irracional, intenso y absurdo ideal que Florentino creó sobre Fermina?

Cada uno de estos personajes cuenta con un desarrollo y perspectiva únicos, siempre retratando a la perfección la combinación de sentimientos, pensamientos y sentidos humanos. Como miembros de una sociedad tan llena de expectativas y prejuicios logran vivir gracias a tres conceptos primordiales, que todos los humanos necesitamos: la pasión con la que se desenvuelve Florentino Ariza, el inquebrantable coraje de Fermina Daza y la increíble simpatía de Juvenal Urbino.

Sin lugar a dudas, El amor en los tiempos del cólera es una historia apasionada y emocionante que nos da mucho en qué pensar sobre nuestra propia percepción del amor, la manera en que lo expresamos y recibimos, y las expectativas e ilusiones que tenemos sobre él. Leer esta novela es una experiencia totalmente grata llena de aprendizajes que nunca olvidaremos.

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