Estilo de vida • Rodrigo Nava Becerril

Estilo de vida • Rodrigo Nava Becerril
por: Rodrigo Nava Becerril

 

Es impresionante pensar, sin duda, que existen otros tipos de vida mucho más pequeños que nosotros, que tienen una limitada capacidad de razonamiento, pero no deben preocuparse por entregas tardías, cronometrar el tiempo, gastar dinero y, mucho menos, por lastimar al otro. Hay una diversidad de seres en la Tierra que podrían, algún día, prosperar incluso cuando nosotros ya no estemos en este mundo y que no notarían en absoluto nuestra ausencia.

Una sociedad tan modernizada, como en la que actualmente vivimos, genera una diversidad enorme de problemas y preocupaciones fútiles y ficticias; no nos damos cuenta de que existe a nuestro alrededor un mundo completo, repleto de maravillas naturales en donde podemos cumplir nuestro único propósito en el mundo: reproducirnos. ¿Por qué estarnos preocupando por las trampas que nuestro propio sentido de razón ha creado?, ¿por qué enfocarnos en algo que no existe?

Sin duda alguna, una sociedad en la que se destruyera la existencia del dinero y nos fuéramos a vivir a islas desiertas, privándonos de los privilegios y comodidades que brinda el mundo moderno, sería catastrófico; no sabríamos por dónde empezar este nuevo estilo de vida y habría muchas muertes por falta de instinto de supervivencia, debido a la noción de que en algún momento estuvimos “mejor”. Mientras que si, hipotéticamente, se nos borrara la memoria a todos y acabáramos varados en islas desiertas, probablemente tomaríamos el mismo camino que actualmente llevamos y construiríamos una sociedad similar a la actual, pero igualmente podrida, como cualquiera podría imaginar.

¿Qué es esa cosa que nos hace humanos y por qué nos complica la existencia tanto? Es la racionalidad, a diferencia de otros seres vivos, la que nos apresa en muros ficticios formados por valores, religión, cultura, identidad, entre muchos otros, sin olvidar, por supuesto, el mayor de todos esos elementos: el dinero. Todo está construido por este último concepto, hasta nuestras identidades, incluso se encuentra en nuestras relaciones afectivas y familiares, en la salud de las personas, en los pequeños detalles, en el amor, en la Navidad.

Existe una frase célebre que dice “El dinero no compra la felicidad”, que generalmente es dicha por gente de clase media, quienes gozan de los privilegios necesarios para tener la capacidad de decir esas palabras; pero lo cierto es que, podrá ser que el dinero no compre la felicidad directamente, pero sí compra las cosas que nos hacen felices o simplemente que nos permiten sobrevivir en el mundo, da acceso a la comida misma o al agua.

Nos encontramos entonces en esta prisión, vacíos por dentro ante la necesidad de algo, no sabemos qué, perseguimos constantemente la felicidad, el amor, la perfección, el éxito, la admiración; volteamos a estas paredes y las acariciamos con la ilusión de que algún día, ese sueño se vuelva realidad… Y cuando menos lo esperamos, un aumento en el salario, una pareja, nuestro libro se vuelve bestseller o ganamos el premio Nobel de la paz, felicidad pura y… momentánea.

¿Qué sigue? ¿Qué no deberíamos ya haber saciado este vacío? ¿Qué no es esto lo que quisimos toda nuestra vida? Nos decimos a nosotros mismos: “Ni hablar, seguramente no lo quería tanto”, nos justificamos y auto-engañamos por la insatisfacción que llevamos dentro. Nuestra prisión se ha construido tan rápidamente que no nos hemos ni siquiera acostumbrado biológicamente al cambio, y sufrimos a diario de ansiedad y depresión por este vacío.

Un artículo publicado en la Gaceta UNAM en 2019 menciona que 264 millones de personas padecían ansiedad a nivel mundial, una respuesta adaptativa de nuestro cerebro al peligro, que nos hace más conscientes y nos da más energía para poder escapar de una potencial amenaza; el problema es cuando la amenaza es un examen, una junta, pagar el recibo de luz o incluso una primera cita.

Las cucarachas son seres que nos repugnan a la mayoría de los individuos, tenemos un asco generalizado hacia ellas asociado probablemente con que habitan en las alcantarillas y son “sucias por naturaleza”. Este asco surge de sus características físicas como su color, su forma y su textura, que se dice “puede estar relacionada con la predisposición biológica” (La opinión, 2020).

Lo cierto es que las cucarachas son los insectos más inofensivos, no pican ni muerden como las arañas o las hormigas, además son unos de los insectos más comunes sobre la faz de la tierra; además de ser unos de los más antiguos gracias a su resistencia y adaptabilidad a la radioactividad y ciertos químicos presentes en la atmósfera, lo que ayuda a su rápida reproducción. En realidad estos deberían de ser los insectos que menos deberían preocuparnos. Al final, resistirán mucho más que nosotros en este planeta y no notarán nuestra ausencia.

Una cucaracha es un insecto que cumple una función fundamental en el ciclo del nitrógeno además de ser un organismo que degrada la materia orgánica para restituirla en el suelo, son muy escurridizas y casi inmortales según algunos estudios, por lo que hay pocos depredadores de cucarachas. Éstas cumplen un ciclo biológico específico, no tienen que preocuparse por sus vidas, por sus cuentas, por la ansiedad que eso les genera, ni mucho menos por bañarse o por el costo del agua; habitan prósperamente y nunca les falta alimento ni parejas de reproducción; por lo tanto no hay primeras citas.

Además de esto, las cucarachas no necesitan transporte, pues se pueden transportar sin fatiga a velocidades relativamente rápidas para ser insectos; y una de las mayores ventajas con las que cuentan son sus alas, pues pueden volar cortas distancias y escapar de potenciales amenazas o sólo divertirse, el sueño de muchos seres humanos.

Podríamos crear sociedades con todo tipo de giros y roles, pero siempre seguiríamos siendo humanos, seguiríamos construyendo sociedades podridas el 99% de las veces. En cambio, si logramos aprender de las cucarachas, de su forma de comportarse y vivir, eliminaremos todas las preocupaciones de nuestra mente, al tener solamente el propósito de reproducirnos y alimentarnos de restos orgánicos y restituirlos al suelo. Llevaríamos una vida próspera y realmente plena, sin ningún vacío ni ansiedad en nuestras entrañas, sin tener que preocuparnos por dinero, higiene o prisiones ficticias; portaríamos el mejor estilo de vida posible.

Recuerdo que alguna vez un amigo mencionó en una de las cartas que me escribió “El mejor estilo de vida, es el de las cucarachas”. Probablemente, en un futuro cercano, gracias a las nuevas tecnologías de modificación genética, podamos elegir ser cucarachas y adoptar su forma de vida, gozar de privilegios como la inmortalidad e incluso sus divertidas alas. No desperdiciemos nuestro tiempo y dinero en ojos azules para nuestro hijos, aspiremos a la felicidad pura y elijamos ser cucarachas.

 

 

Bibliografía

Frías, L. (2019). Más de 264 millones padecen ansiedad a nivel mundial. Gaceta UNAM. Recuperado el 26/03/2021 de sitio web: https://www.gaceta.unam.mx/mas-de-264-millones-padecen-ansiedad-a-nivel-mundial/
National Human Genome Research Institute. (2021). “Ingeniería genética”. National Human Genome Research Institute. Recuperado el 26/03/2021 de sitio web: https://www.genome.gov/es/genetics-glossary/Ingenieria-genetica
Redacción. (2019). “La ciencia explica por qué las cucarachas son «casi inmortales»”. El diario. Recuperado el 26/03/2021 de sitio web: https://eldiariony.com/2019/07/05/la-ciencia-explica-por-que-las-cucarachas-son-casi-inmortales/
Rica, P. (2020). “La explicación científica de porque te aterran las cucarachas”. La opinión. Recuperado el 26/03/2021 de sitio web: https://www.laopinion.net/la-explicacion-cientifica-de-por-que-te-aterran-las-cucarachas/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *