El misterio de la Media Luna

El misterio de la Media Luna
por: Daniel Pérez Rivera

Si hay un rostro de la luna que le corresponde a la literatura tendría que ser el del misterio, desde la perspectiva del símbolo y los diferentes niveles de interpretación la luna se aparece como miles en la ficción; desde el mito y la búsqueda por explicar su entorno acompañado de su deificación, hasta la ciencia ficción que la coloca como un espacio accesible y habitable. Incluso después de que una persona pisó el satélite en una carrera de naves por el espacio y que la ciencia ha explicado cabalmente la naturaleza que posee, la luna continúa a girar alrededor de lo inexplicable.

Desde los tiempos atávicos la luna se relaciona con el sol como su par o espejo, se hace una distinción entre aquello que pertenece al día y es luminoso, verdadero y virtuoso, lo apolíneo; en contraste con lo que pertenece a la noche y se acerca a la figura de Dionisio, la oscuridad, lo oculto y el placer. Por un lado el sol se aparece siempre igual, constante en su paso por el firmamento, mientras la luna representa el cambio constante, lo imprevisto.

En la medida en que atraviesa diferentes fases y formas la luna simboliza lo femenino, la periodicidad y la renovación; es un símbolo de los ritmos biológicos, controla todos los planos cósmicos regidos por la ley del devenir cíclico: aguas, lluvia, vegetación, fertilidad… A lo largo de la historia de la humanidad ha encarnado diversos significados, los caminos más constantes son los que la vinculan con la muerte, la vida y la resurrección. La luna se entiende como esperanza, una barca de luz en medio de la oscuridad.

La Antigüedad clásica identificó en la luna a Selene y posteriormente a Artemisa junto a sus perros de caza, con lo que la luna alude a la divinidad de la mujer y a la gestación de la vida. La Edad Media asoció metales a los astros y con ello la luna se vio relacionada con la plata en la búsqueda de los alquimistas por la piedra filosofal, mientras que en el Tarot es el arcano mayor XVIII que en la vía de la iluminación mística representa el camino iluminado de la imaginación y de la magia.

El Romanticismo en su afán por recuperar lo maravilloso durante el avance de la Modernidad y la razón reclamó la noche como el espacio del alma y lo divino, se resguardó bajo la luna y su continuo renacer como un camino para preservar el enigma de la naturaleza humana. Como símbolo, de ahí que no se pueda quedar atrapada bajo una sola mirada, transmuta y alimenta diversas realidades que cobran vida en la ficción.

En la literatura sus manifestaciones recuperan los símbolos previos, los parodia, los transforma, los esconde. Julio Verne, Ítalo Calvino, Federico García Lorca, Reinaldo Arenas, son muchos de los autores que han aportado sus interpretaciones e historias al imaginario lunático.

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En este momento creo que la luna y sus múltiples significados ayuda a entender algo sobre ese espacio fuera del tiempo que es la Media Luna que habita Pedro Páramo, donde la vida y la muerte parecen ser una misma. Revisé brevemente la historia de Comala para plantear este breve paseo y me detuve a recordar y releer los pasajes donde la luna se aparece y, para los que conozcan la historia, se podría usar como un hilo conductor que atraviesa la vida y la muerte.

Si bien los recursos narrativos son la base del planteamiento de la historia, la luna posee diversas manifestaciones como el sueño y la ilusión, aspectos nocturnos que se asocian al astro:

    Pero no pensé en cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala. (17)

En este punto a Juan Preciado le llega el llamado de la Media Luna por medio de los sueños, el plano onírico implica el llamado simbólico de la luna, de la muerte. Posteriormente Comala se aparece como un fragmento del satélite en medio de la polvareda de la tierra: “Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche” (18, cursivas en el original). La configuración del lugar se hace con relación al astro y eso ayuda a explicar el carácter mágico que rompe los límites de la razón en la historia.

Otro de los significados que retoma la novela de la luna como símbolo es la del tiempo mágico, al punto en que se rompe la secuencia lineal y progresiva usual: “Como si hubiera retrocedido el tiempo. Volví a ver la estrella junto a la luna. Las nubes deshaciéndose. Las parvadas de los tordos. Y en seguida la tarde todavía llena de luz” (62). Esta escena y la aparición de la luna se engarza ya no sólo en la relación con el tiempo, sino que adquiere el sentido mágico y el ciclo de vida, muerte y resurreción, en su sentido inverso, con lo que Juan Preciado entra a una nueva realidad, fallece y, sepultado, se le revela una verdad:

    El calor me hizo despertar al filo de la medianoche. Y el sudor. El cuerpo de aquella mujer hecho de tierra, envuelto en costras de tierra, se desbarataba como si estuviera derritiéndose en un charco de lodo. Yo me sentía nadar entre el sudor que chorreaba de ella y me faltó el aire que se necesita para respirar. Entonces me levanté. La mujer dormía. De su boca borbotaba un ruido de burbujas muy parecido al del estertor.

    Salí a la calle para buscar el aire; pero el calor que me perseguía no se despegaba de mí.

    Y es que no había aire; sólo la noche entorpecida y quieta, acalorada por la canícula de agosto.

    No había aire. Tuve que sorber el mismo aire que salía de mi boca, deteniéndolo con las manos antes de que se fuera. Lo sentía ir y venir, cada vez menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para siempre.

    Digo para siempre. (64)

En este fragmento se observa cómo la luna rodea la acción y la envuelve en el simbolismo de resurrección. En la antigüedad nuestro satélite y su transformación daba la certeza de que después de la muerte esperaba otra vida, un nuevo inicio. En Pedro Páramo el cielo parece revelar diferentes momentos en la narración, el día y la noche aparecen para revelar y ocultar la realidad de Comala. Esto en la medida en que el espacio se ve afectado por el movimiento de los astros.

Con relación al vínculo que la luna tiene con la locura, aunque quizás caiga en la sobreinterpretación, se alcanza a ver en Susana San Juan, “Una mujer que no era de este mundo” (109). En algún momento Pedro Páramo se pregunta de qué planeta proviene la mujer que ama, en el carácter del personaje parece estar la respuesta: el aspecto divino, santo y lunático se sugiere desde el nombre del personaje, es importante recordar que San Juan de Dios se hizo el loco para conocer la humillación y el sufrimiento. En el caso de Susana San Juan la locura nace del dolor y el desamor, algo en ella no responde a la naturaleza humana, sino que parece tocada por la luna y es dotada por las características del símbolo: divina, ajena al mundo, loca.

¿Qué elementos de Susana San Juan lo lleva a presentarse como salvación del tirano? La santidad y el camino de expiación no aparecen como elementos claros para seguir la línea de interpretación, al menos no por mí. De manera indirecta Juan Rulfo construye una novela donde la luna brilla llena desde múltiples significados donde la vida y la muerte se reconocen como una misma. La lectura de Pedro Páramo de mano de la luna me parece que podría llegar a buen puerto y sirve como pretexto para reconocer en una de las grandes obras de la literatura el paso de una fascinación que perdura hasta nuestros días.

 

Bibliografía

Chevalier, Jean. Diccionario de los símbolos. Barcelona: Herder, 1986

Rulfo, Juan. Pedro Páramo. Madrid: Anagrama, 2004

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