El espíritu de la comunidad

El espíritu de la comunidad
por: Carla Ortega
Área religioso espiritual

A pocos meses de graduarme del lugar que ha sido mi casa durante cinco años, me he dado la oportunidad de reflexionar acerca de mi proceso a lo largo de este tiempo. Una de las conclusiones más firmes que me vienen a la mente es que no soy la misma persona que era antes del Inhumyc. Puedo ver muy clara mi evolución, he podido crecer muchísimo, he reafirmado mis valores y he cultivado amistades para toda la vida.

Sin duda, uno de los factores más importantes para mi proceso en esta escuela ha sido la espiritualidad, la cual es tan abstracta que me cuesta trabajo definirla porque yo creo que cada quien tiene un modo de entenderla; sin embargo, para mí, es una conexión con algo más grande que yo, que al mismo tiempo me hace conectar conmigo y, por lo tanto, con todo lo que me rodea.

He tenido la fortuna de participar en diversas actividades y dinámicas que me han permitido esta conexión; sin embargo, si tuviera que elegir la experiencia que más me ha conectado con mi espiritualidad, sin pensarlo mucho, podría decir Misiones. Llegar a un lugar que no conozco, con gente extraña y sin mucha idea de lo que tengo que hacer, resulta aterrador, pero aún con todo ese miedo, es una experiencia que me llena el alma de vivencias, de anécdotas, de gente que vive una realidad muy diferente a la mía y, a pesar de ello, me resulta tan fácil quererla y, sobre todo, llenarme de esperanza. Llegar a un lugar en donde, sin conocerme, me abren las puertas, me tratan con amor, me comparten un poco de su realidad y me hacen sentir como en casa, es una experiencia que me cambió.

La conexión no sólo surge con las personas de la comunidad, la conexión surge en muchos sentidos más, incluyendo a mis compañeros de equipo a quienes llegué a conocer realmente, con quienes dormí una semana entera, con quienes compartí estrés, cansancio y sobre todo muchas risas.

A lo largo de estas experiencias, he logrado conocerme y hacerme consciente de mis grandezas y de mis debilidades. Si hace unos años, me hubieran contado que, junto con un grupo de alumnos y maestros, formaría parte de la organización total de un bazar, no podría creerlo: invitamos a cerca de 60 artesanos, a quienes no les cobramos nada; por el contrario, cubrimos su hospedaje y comidas y los recibimos con afecto y hospitalidad. Hoy no puedo imaginar mi vida sin haber formado parte de este increíble proyecto que fomenta el comercio justo, que sin lugar a dudas me ha cambiado de muchas maneras. Podría decir que nunca me había entregado así y creído tanto en algo, nunca me había sentido tan conectada como me sentí con el Bazar Solidario, éste me hizo aprender y crecer tanto, que pude plantear mi proyecto de vida de acuerdo con sus valores.

El Inhumyc me ha enseñado el sentido de comunidad, me he sentido acompañada en todo momento por personas que han guiado mi proceso y que han aportado muchísimo a mi vida.

Realmente creo que las personas de quienes nos rodeamos, si bien no nos definen, sí influyen realmente en quiénes somos y en quiénes queremos ser. Yo he tenido la fortuna de tener muy cerca a personas como Pau Rodríguez y Sofi Prada, con quienes comparto muchos valores y de quienes he aprendido tanto.

Al estar tan cerca de dejar el Inhumyc, sólo puedo estar agradecida por ayudarme a descubrir y explotar mis capacidades al máximo y dejar lo mejor de mí. En este lugar, me sentí realmente conectada con la escuela y no sólo en el sentido académico. Sin lugar a duda, el Inhumyc cambia vidas.

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