Editorial. Agosto 2020

Editorial. Agosto 2020

Desde finales de marzo la forma en que hacemos las cosas ha tenido que cambiar con todo aquello que implica: desde pensar en el papel de la educación y la escuela como una institución que acerca a jóvenes y adolescentes a la realidad, que les permite crear y encontrar un sentido propio de la experiencia humana; hasta la necesidad de encontrar los medios por los que los lazos que sostienen a nuestra comunidad puedan estrecharse por encima de la distancia.

 

En una cuarentena que se extiende cada vez más, las calles se ven habitadas por personas que salen porque tienen que hacerlo para conseguir el sustento o para salvaguardar la salud de los pacientes o para que el metro funcione o para que alguien recoja nuestra basura… Mientras que desde la elección, hay quienes viajan porque las vacaciones les esperan o los que se reúnen sin considerar las restricciones; aparecen frases de un imaginario colectivo que vencen a la razón: “el día de las madres es sagrado” o “cómo lo voy a dejar solo en su cumpleaños”. En este sentido, es como si la tragedia del otro no nos fuera suficiente, pareciera que la enfermedad o la muerte tuvieran que rozarnos para que nuestras decisiones fueran pensadas en función de la humanidad y no del individuo, aunque es innegable que el encierro nos enloquece a todos.

 

Alrededor del mundo surgen cada vez más testimonios que revelan facetas múltiples de lo que implica el aprendizaje y la enseñanza. Existen contrastes que obedecen a las circunstancias de los grupos que componen la sociedad: para aprender habrá quienes escuchen la radio, otros mirarán televisión, los más olvidados incluso perderán el ciclo escolar; nosotros tenemos el privilegio de contar con los recursos para acceder al conocimiento si así lo decidimos; además, contamos con los ojos, la escucha y las manos prontas de quienes laboran en el Inhumyc y que hacen posible que los docentes estemos al frente de los y las estudiantes en este nuevo proceso de enseñanza aprendizaje con las mejores herramientas de las que podemos echar mano.

 

Así, el privilegio es la oportunidad que se nos brinda para seguir construyendo en comunidad, seguir generando vínculos y, en este contexto extraordinario, aprender juntos.  La pandemia ha resaltado que nuestra sociedad requiere dirigir sus esfuerzos hacia la solidaridad, incluso como una estrategia común para sobrellevar las múltiples crisis que se atraviesan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *