Casi, un pueblo. Un camino hacia el teatro

Casi, un pueblo. Un camino hacia el teatro
por: Ana Cecilia Azuela Santibáñez

 

Rafiki, un sabio mandril, que por medio de metáforas, saltos, gritos y juegos, guía al héroe de la historia para encontrar su lugar en el ciclo de la vida, a los diecisiete años, fue el personaje que me apasionó por el teatro, por poder jugar con el tiempo y el espacio a mi manera. Creer en mi imaginación y confiar en ella, y lo más maravilloso, poder dejar al personaje en la memoria de alguien más.

IMG-20160426-WA0011Al terminar la carrera, recibí una llamada que me decía «Ana Ceci ¿te gustaría ser maestra?» Me quedé muda y reaccioné después de la voz insistente de mi madre diciendo «¡di que sí, di que sí!». Así comenzó todo. Comencé gritando y aplicando trabajos larguísimos que reprobaron a muchos, no tenía idea de lo que estaba haciendo. Pero el apoyo, la guía y la paciencia, de los que en su momento fueron mis maestros, me hicieron aprender hasta poder abrir el taller de teatro dramático Inhumyc, en donde me fasciné por la capacidad que tienen estos jóvenes, que al inicio de la aventura, llevaban al límite mi paciencia.

Me di cuenta que la disciplina, el coraje, la inocencia, el amor y la entrega eran mis primeras herramientas para empezar a construir ficción. Terminamos con un montaje que conmovió el corazón de la comunidad y a su vez nos dio la posibilidad de generar un cambio con el que probamos nuevas propuestas de trabajo. Al cerrar una puerta se han abierto cien.

En este nuevo equipo, conformado por tres personas que amamos, respetamos y hacemos teatro, exalumnos del Inhumyc decidimos hablar sobre el amor. El amor universal, el amor de pareja, el amor que calla cosas y al explotar, genera guerras.IMG-20160426-WA0008

La primera obra en la lista fue Casi, un pueblo, la cual surge de la idea de ser incluyentes con todos los integrantes de este nuevo equipo; nos arriesgamos a hacer tres elencos. Los alumnos compartieron incluso a los personajes. Con la idea de trabajar en equipo y de presentarles a los jóvenes la posibilidad de aprender a hacer absolutamente todo su teatro, desde la selección del vestuario, la escenografía, el diseño de luces y el control de estas, hasta la compleja situación de subir al escenario para conquistar a los espectadores.

Por primera vez, los alumnos no tuvieron ningún apoyo tras bambalinas, ellos obtuvieron aprendizajes invaluables: que todos los elementos en escena son sumamente importantes para que surja la ficción; también, el significado de transmitir ideas por medio del juego, de ser alguien más, es decir, la expresión de emociones y sensaciones propias por medio de otro. Por otro lado supieron compartir y comparar diferentes maneras de abordar un mismo personaje, aprendieron a juntar ideas distintas. Al principio no fue nada fácil, ya que estos alumnos tenían una percepción del teatro muy distinta a la que les proponíamos. Fue un reto hacerles ver que el teatro nunca separa, al contrario une y te ayuda a comprender al otro.

IMG-20160426-WA0006Sin duda, por medio de confiar, amar y respetar podemos llegar a cumplir sueños. Fueron meses de muchos cambios, y tensión, pero sobre todo de trabajo en equipo y persistencia. Obtuvimos resultados muy positivos, por lo que toma mos el riesgo de una segunda historia qué trabajar, amar y regalar… Amor sin barreras.

Yo, dudo de mí todos los días, igual que a los diecisiete años. Muchas veces al día escucho la palabra «relájate». Todavía me gustaría comerme el mundo a puños. Pero luego me encuentro con los ojos de treinta y dos jóvenes que entienden y se identifican con lo que existe en mi cabeza, con mi pasión, dedicación y amor por mi trabajo. No voy a negar que amo profundamente creer en que puedo ayudarlos a encontrar, así como Rafiki al héroe, su lugar en el ciclo de su vida.

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