A través de Kayla • Entrevista a Lydia Cacho y Patricio Betteo

A través de Kayla • Entrevista a Lydia Cacho y Patricio Betteo
por: Daniel Pérez Rivera

En el marco de la XXXVI Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) en 2016 se presentó la oportunidad de conversar con Patricio Betteo y Lydia Cacho, las mentes detrás del libro En busca de Kayla de la editorial Sexto piso. Una obra a la que los alumnos de segundo de secundaria se acercaron, ante la que se conmovieron y los llevó a una serie de reflexiones sobre el papel que las personas tenemos en nuestra sociedad, los nuevos problemas a los que nos enfrentamos como consecuencia del avance tecnológico y las acciones que cada quien puede tomar frente a esto.f555fa63-8603-43bc-b6af-66454d9c4d85

Patricio Betteo es un artista gráfico que suele desarrollar historietas experimentales. En esta ocasión se lanzó a dar forma a la historia de Kayla, una joven que se enfrenta a la desaparición de una compañera y en la que un grupo de chicos, por medio de la tecnología, buscan solucionar este conflicto.

Lydia Cacho es una reconocida periodista y defensora de los derechos humanos. Es Embajadora Corazón Azul para la ONU por su trabajo contra la trata de personas. Su trabajo ha abierto un espacio para la discusión de temas velados: la trata, el abuso de menores, la pornografía infantil. Para un perfil de la autora recomiendo la lectura de la siguiente publicación: https://www.gatopardo.com/revista/no-179-marzo-2017/la-fortaleza-lydia-cacho/

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Daniel: Pensando en el objetivo del texto, que es hablar de diversas problemáticas actuales, ¿cuál consideran que sería la función del arte con relación a estos problemas?

 

Lydia: En primer lugar es un libro escrito a cuatro manos, hay dos narrativas paralelas eso me parece fundamental comprender en este tipo de literatura. Hemos hecho ejercicios con personas sordas, por ejemplo, que leyeron el libro y sus experiencias con los niños que todavía no saben leer a través de la narrativa solamente visual porque sí cuenta la historia sin saber leer, entonces para mí esto es fundamental como parte de la educación y la prevención de todas las formas de violencia contra los niños y las niñas.

Esta historia tiene como meta reconocer las voces de los niños y las niñas que están reclamando la falta de reconocimiento de los adultos sobre los temas que les conciernen y que además les dan mucho miedo, todos estamos hablando todo el tiempo de las desapariciones, las noticias no paran, pero en las casas a los niños y las niñas se les niega la posibilidad de discutir, de adoptar o por lo menos de protegerlos o de hacerles sentir seguros sobre sí mismos.

Sí era muy importante hacer una combinación en la que el libro fuera primero un reflejo de las necesidades de los niños y las niñas, ser un eco de las voces de ellos y ellas. Un reto y una provocación para las personas adultas, ya que a muchas personas adultas este libro les ha afectado. Y la otra era hacerlo desde tal perspectiva del arte… con las formas de arte, nosotros juntos o separados, para que los niños y las niñas se apropiaran de la obra y de la historia.

 

Patricio: Para empezar, al ser un libro dirigido a pequeños lectores o un libro para leerse en familia, muchos así lo veían, obviamente la imagen tiene mucho peso, pero creo que el objetivo del libro no son las imágenes, sino más bien la combinación del mensaje de Lydia con el mío… Me quedo un poco callado porque es muy abstracto, mi mensaje tiene que ver con tomar decisiones, con cómo tratar lo que está diciendo Lydia, al final tengo que escoger exactamente lo que a mí me parece más importante, no redundar, tampoco decir lo que ella ya dijo, no irme a pasear por las ramas.

Algo que hago es tratar de buscar un punto medio que pueda ser evocativo a un adulto o a un niño. Me cuesta más con los niños porque yo me he convertido en un adulto, pero yo soy mi propio lector y dirijo mi mensaje a cómo yo de niño me hubiera gustado que fuera un libro. Esta toma de decisiones es una responsabilidad, en efecto, no puedo dejar afuera algo elemental y debo crear empatía con los personajes, pero yo no soy alguien que crea en la simplificación del mensaje, creo que soy alguien que puede pecar de ser un poco barroco o enredado, hago un poco de eso también, algo que exige también al lector.

Además, lo que yo veo de las imágenes a veces es muy diferente a lo que me dicen los lectores. Hay veces que yo digo que es un tema muy dark e intento hacerlo menos dark, más colorido y hay lectores que me dicen que es súper dark y hay quien me dice: Oye, qué dibujos más alegres, está muy suave el arte para un tema tan escabroso. Cuando recibo opiniones así, de los dos lados, quiere decir que estoy en un punto medio.

 

Daniel: Hubo algo que me llamó la atención, en otras entrevistas habías comentado, Lydia, que los jóvenes se enfrentaban al problema de no ser escuchados realmente y que en parte el trabajo en En busca de Kayla tenía que ver con esto.

Con relación a eso, me pareció interesante que mientras leía el texto con los alumnos, en la escena en que unos chicos están viendo los videos e imágenes de Kayla, en ese momento el salón se quedó sumergido en un silencio tétrico y hubo necesidad de hablar del tema, de la violencia, del machismo, que es justamente lo que creo que busca generar la historia: una discusión.

Ahora mencionabas que los adultos son los primeros en escandalizarse, quería saber ¿qué reacciones han obtenido con este trabajo? Retomando lo que comentabas, Patricio, sobre los polos.

 

Lydia: Las reacciones han sido increíbles, muy interesantes, porque el libro está contradiciendo todo lo que los expertos en libros infantiles dicen en su manual. Este libro no es para niños ni para jóvenes, es demasiado largo, no se le puede leer a niños que tengan menos de 14 años, etcétera. Todas las reglas oficiales las rompí, sin embargo, llegamos a escuelas con niños de 4° o de 5° y hay niños que se lo leyeron solos y luego llegan a casa y dicen –mamá, por favor, explícame–; o la mamá llegó, se lo dio y ahora está discutiendo con los papás, y chavos de prepa que están fascinados con el libro, que se sienten identificados. Para empezar, rompimos las reglas de los rangos.

Creo que otra cosa que hace muy interesante al libro es el nivel de profundidad que dan a la lectura los niños y las niñas dependiendo de la edad y eso para mí ha sido un aprendizaje tremendo, por ejemplo, los niños y las niñas empiezan su vida sexual entre los 12 y los 13 años. La mayoría de los chicos de secundaria ven pornografía dos veces a la semana y la pornografía que ven es infantil, ellos no quieren ver viejitos teniendo sexo, entonces están cometiendo un delito. La pregunta que me hacen todo el tiempo es: ¿por qué las personas piensan que es un delito si los grandes también pueden ver su pornografía y tener sexo, estarlo pasando en el teléfono? ¿Por qué ellos sí y nosotros no? Entonces, está provocando una serie de preguntas que nos están obligando, a las personas adultas, no solamente a comprender, sino a elaborar respuestas adecuadas en términos de la legalidad y la ilegalidad, y también en términos de la sexualidad.

Lo que hemos descubierto con este libro a lo largo de este año es que los niños y las niñas han entendido una cantidad de cosas que las personas adultas no comprenden, a veces porque le tienen terror, como el tema de la pornografía infantil, el tema de la sexualidad adolescente, de la hipersexualización de las y los niños, y, por otro lado, un grupo de personas adultas en los congresos del país están legislando y están discutiendo desde argumentos del siglo XIX cuando se tendría que estar discutiendo con argumentos del siglo XXI, porque todavía no los estamos elaborando. Me parece que lo más interesante para mí, como autora, es que la respuesta de los niños y las niñas nos está poniendo de frente, y creo que es lo que más afecta a las personas adultas, no la escena de pornografía en la secundaria, porque saben que existe aunque finjan que no, sino que los niños están diciendo: Ya se tardaron en entender cómo estamos viviendo la vida en esta generación.

 

Daniel: Claro, porque la realidad cambia más rápido de lo que la podemos entender.

 

Patricio: Sí, el libro resuena para los niños, sí se ven ahí de alguna forma. Me parece que En busca de Kayla es una forma en que los adultos saben que existe esa resonancia, como –Ven, nosotros ya sabemos esto y hay libros que están dirigidos a nosotros, ya lo sabemos–. Es decir, a lo mejor niños muy chicos están descubriendo este tipo de cosas, a lo mejor muchos niños no están descubriendo cosas, están viendo cosas que ya saben.

 

Lydia: Identificándose ahí, dicen –mira esto está bien y esto hacemos–, porque en realidad así sucede. Tú te das cuenta de que se están salvando entre ellos mismos todo el tiempo, las cosas que no reconocemos, por ejemplo, como lo del bullying, que las y los expertos en bullying llegan a las escuelas, y es que los niños no saben qué hacer, los papás no saben qué hacer… pero cuando yo llego y les pregunto, en las escuelas me dicen que están haciendo grupos de autocuidado, de autoayuda, de una manera sumamente empírica porque nadie les está dictando estrategias y lo que los adultos les dicen, incluso el lenguaje que están utilizando no les llega, porque están hablando para sí mismos, para ser escuchados por sus iguales, no para que los escuche un niño. Para que te escuche un niño o una niña tienes que colocarte en tu niño o en tu niña interior, me parece a mí que eso es fundamental; y, ustedes que se dedican a la educación, tienen que escuchar mucho, mucho más antes de atreverse a escribir para recoger sus voces y lograr que se conozcan entre ellos, ésa es la tarea más importante. Es mucho más fácil escribir para personas adultas.

 

Daniel: Sí, les puedes hablar con tu propio código.

Otra pregunta, entorno de lo que estaban comentando de la problemática social y cómo nos alcanzan los cambios, todas estas cuestiones de la velocidad que vienen con la famosa Posmodernidad, ¿cómo creen que estén generándose los cambios en los jóvenes hoy en día? Sobre todo pensando en la accesibilidad de la información y las herramientas que ellos mismos generan para entender la realidad y que nosotros con nuestros viejos esquemas no conseguimos entender o adaptar.

 

Patricio: Yo sin convivir… Yo no tengo hijos, no conozco la experiencia de primera mano sobre cómo están los chicos, lo intuyo. Lo que intuyo es que, así como dijiste, hay una aceleración, una velocidad en la que ya llegan mucho más rápido y con muchos más atajos inmediatos a cualquier cosa, a lo más bello del mundo o a lo más tenebroso, siento que se está acelerando el crecimiento, hasta intelectual, de la infancia. Parece imposible, pero puede traer todo este bagaje de cosas grandiosas y de cosas peligrosas, uno tiene que apechugarlo. Yo creo que de lo que se trata es de que los chicos puedan cambiar el esquema, el gran escenario, tienen que cambiar ellos, y saber cómo consumir, cómo transitar por estas carreteras, y uno dice –hay que enseñarles–, y ellos dicen –¿qué me vas a enseñar? Yo ya sé–. Pero sí, no viene a más crear documentos que digan –Hagamos cuentas, estamos todos en lo mismo–. Un puente entre niños y adultos, creo que eso es En busca de Kayla.

 

Lydia: Sí, yo creo que también el acceso a las tecnologías y al conocimiento y a la mentira a través de las tecnologías… porque obviamente dentro del ciberespacio circula una cantidad brutal de mentiras nuevas, no sólo en la prensa, sino en ámbitos científicos, etcétera; está creando algo como espacios ciegos de fantasía y lo que ha sucedido con las últimas tecnologías para las niñas y los niños es que, por un lado, rompieron los paradigmas de inocencia que conocían las personas adultas cuando nos dedicábamos a educar a nuestros hijos. ¿Cómo cambió este paradigma de inocencia? No lo acabamos de entender, ni siquiera creo que lo estemos discutiendo adecuadamente, probablemente algunos filósofos lo estén haciendo, pero no lo estamos discutiendo en los ámbitos educativos. ¿Qué significaría eso? Y lo he estado reflexionando recientemente a raíz de las reacciones con el libro, con Kayla.

Primero, el reto de entender cómo viven la inocencia los niños y las niñas, esa inocencia que ellos perciben como una forma de censura a través de sus padres, esto no se debe hacer, no se puede hacer; pero, por otro lado, siempre tienen acceso a la red; y la otra es que las personas adultas que creen que sus hijos e hijas manejan las tecnologías están muy confundidas, no entienden que cuando un niño o una niña tiene acceso a contenido a través de las plataformas tecnológicas lo que más falta le hace es la guía para hacer reflexiones a profundidad y para comprender ese conocimiento o desconocimiento al que tienen acceso. Me parece que ahí se fracturó la relación entre las y los educadores y los niños.

 

Daniel: Sí, claro, y la figura de los padres, las autoridades…

 

Lydia: Está fracturada y no es culpa de los padres. Lo que pasa es que llegó demasiado pronto la tecnología.

 

Patricio: Hay algo también, ahora que dijiste lo de la inocencia, que también lo siento mucho en este libro, hay una inocencia que no se pierde nunca. Que también es tener esperanza en que las cosas pueden funcionar y que platiquemos y disculpen todo. Esa ingenuidad tan hermosa y tan humilde que pueden tener los niños, es algo que está intocado en este libro. Eso me gusta. No se trata de juventudes destruidas que ya tienen que vivir en un mundo porque todo es así. No, al final los niños siguen viviendo en su realidad.

 

Lydia: Además tiene que ver con reconocer los niveles de desarrollo porque también el libro cuestiona eso, la capacidad que tiene Myriam para mirar a los adultos con diferentes colores, percibir los olores, es la capacidad de una niña de esa edad que aún no tiene el desarrollo cerebral, neurológico, etcétera, para poder hacer las reflexiones que haría una persona mucho mayor. Es un reto enorme para nosotros como autores poder reflejar eso sin…

 

Daniel: Sí, que tenga sus propios recursos.

 

Lydia: Sí, los recursos que tienen a esa edad. A eso me refiero también con lo de la fractura. Por otro lado, a donde vamos con chavos de prepa que cualquiera pensaría que son más cínicos y que les da hueva porque es un libro para niños chiquitos, muchos lo dicen así, pero ya que lo leen me han dicho, me han escrito –Está increíble, es que sí, esto está buenísimo, sí podemos cambiar las cosas, de veras sí se puede. Yo conozco a alguien–. Ha desatado también reflexiones en casi todas las escuelas, públicas y privadas, conocen a un chavo o chava que fue víctima de alguna forma de trata. También les está ayudando a decir –Esto que sucedió también es trata y está chava no está por su voluntad, la están forzando–. Está llevando, a los chavos más grandecitos de prepa sobre todo, a pensar que eso está mal y que la pornografía tampoco está tan chida. Me parece que es un logro increíble, una comunicación de madre y padre entre un libro y su hijo.

 

Daniel: Hay un punto que hemos estado tocando en la conversación que es la búsqueda por revelar la verdad, no dejar cosas en lo oscuro porque en la medida en que decimos las cosas, que tenemos conocimiento sobre ellas, podemos cambiarlas. Lo hablaba mucho con los alumnos. En este caso me gustaría que me dijeran qué podrían decirle a los alumnos con relación a lo que pueden hacer, a los cambios, a la realidad que les toca, a la necesidad de buscar la verdad de una forma crítica, no nada más buscar verdades a medias, estas mentiras que alguien publica en Internet, sobre todo pensando en los grandes objetivos del libro.

 

Patricio: No sé, me parece mucha responsabilidad [Risas].

 

Daniel: Bueno, que también creo que es gran parte de tu área de trabajo, va mucho en la dirección de confrontar las agresiones, la violencia, sobre todo hacia la mujer.

 

Patricio: Al final creo que todos nosotros tenemos que darnos nuestro lugar en el mundo y querernos como lo más y querer lo más a todos los que están a nuestro alrededor y, para llegar a esto, uno tiene que hacer un trabajo de pensar y de razonar. Porque si un adulto va y le habla mal a un niño, lo trata mal, el niño se puede sentir muy mal y lo puede afectar. Lo ideal es que un niño sepa por sí mismo, sin la necesidad de que se lo estén recordando, que él es lo más valioso del mundo. De alguna manera los niños necesitan eso. Creo que ha llegado a un punto en esta ciudad en el que ya es hora de que ya te lo creas y que te creas que eres importante, si a ti te dicen que es negro, pienses por qué te dicen que es negro. No es la rebelión así sin sentido, ni la sumisión sin reflexión, sino encontrar también ese lugar en el que uno piense lo que está pasando alrededor. No sé, ¿tú cómo ves Lydia?

 

Lydia: Yo creo que una cosa que les estás sucediendo a las y los chicos en nuestro país, sobre todo adolescentes, de entre 15 y 21 años, es que sientes que tal vez no tengan un lugar en el mundo para cuando sean adultos y eso lo dicen todo el tiempo. Esa incertidumbre los enfrenta a una bifurcación mucho más dura de la que nos enfrentamos nosotros cuando éramos chavos, porque teníamos el futuro asegurado, todo el mundo te preguntaba qué quieres hacer de grande y tú decidías si ser artista, poeta y periodista, pero lo tenías seguro. Ahora les preguntas y –no pues quién sabe, yo quiero ser youtuber porque a lo mejor a los 25 años viene la Tercera Guerra Mundial–. Lo están diciendo todo el tiempo. Entonces, lo que yo les digo a los estudiantes en las escuelas es –Yo lo único que puedo compartir es mi experiencia. Yo soy quien soy, he tenido la capacidad de sobrevivir la tortura y una serie de cosas, y de seguir siendo una buena persona, y de seguir siendo una buena periodista y de ser una persona que se entrega con su trabajo gracias a que de niña me reconocieron como ser humano y me hicieron saber que mi vida valía a pesar de cualquier cosa. Si tú no lo tienes en tu casa hay maneras de buscarlo en los ámbitos como puede ser entre tus amigos, hacer los círculos de la verdad, sentarte a discutir los temas que te importan, la escuela con algún maestro o maestra que te haga sentir importante–. Me parece que esa es la esencia, cuando alguien me dice que lo que yo hago y he hecho como periodista es heroico, estos estudiantes de secundaria y prepa, lo que les digo es busca tu héroe interior, aunque suene un poco cursi, pero eso es cierto. Yo era súper insegura de chavita, pero muy, o sea, yo pasé la secundaria y la prepa llena de inseguridades, muy solitaria, llena de miedos, de no entender el mundo, era muy crítica, pero no tenía herramientas para poder hacerlo desde la no violencia; y tuve que hacer una tarea grandísima para ser quien soy y fue una tarea personal con las herramientas que yo tenía a esa edad. Nunca dejé que nadie me dijera que yo era otra persona de la que soy. Me parece que es la esencia, como estás convencido de quién eres trabajas en eso.

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En ese momento los autores debían subir al escenario. Era el turno de otra entrevista, esta vez frente al público. Todavía nos entretuvimos en la conversación un par de minutos, sobre todo porque les entregué un regalo de todos179a3cab-099a-40a6-bee5-91bfe76fe9ef los alumnos de 2° de secundaria de la generación 2016-2017 en el que agradecieron haber tenido entre sus manos y sus ojos a Kayla. Devolvieron a Lydia uno de sus libros con pequeños textos que ellos mismos escribieron a mano como homenaje a la escritora que les abrió el panorama a temas tan complejos como el uso de redes sociales, la trata de blancas, la pornografía infantil y la importancia del cuidado, la seguridad y la solidaridad con sus pares.

Así concluyó la entrevista. A diferencia de un frío apretón de manos con el que inició la charla, como fruto del encuentro entre extraños, el abrazo de despedida fue un cálido símbolo de las preocupaciones que compartimos por las y los jóvenes, de la necesidad de traer a discusión los temas escabrosos que Kayla nos pone enfrente.

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